La Palabra de Dios purifica el corazón

por | Nov 14, 2020 | Sin categoría | 0 Comentarios

“Vosotros estáis ya limpios, gracias a la palabra que Yo os he hablado” (Juan 15, 3)

Se preguntaba el Papa Emérito Benedicto XVI durante la homilía a los miembros del Schülerkreis (el Círculo de los estudiantes de Ratzinger): “El ethos, o sea la “limpieza interior”, tiene gran importancia, ¿Qué hace el hombre puro? ¿Cuál es la auténtica fuerza de purificación? ¿Cómo se llega a la limpieza del corazón?” 

Como resultado de estos interrogantes el Papa emérito nos regala una autentica pincelada de sabiduría al recordarnos que la Palabra de Dios purifica el corazón: “Vosotros estáis ya limpios, gracias a la palabra que Yo os he hablado” (Juan 15, 3). Por tal razón, es necesario profundizar un poco sobre este tema para resaltar la importancia de la Lectio Divina en la vida cristiana.

Según el catecismo de la Iglesia Católica el corazón designa el centro de la persona, La tradición espiritual de la Iglesia también presenta el corazón en su sentido bíblico de «lo más profundo del ser» «en sus corazones» (Jr 31,33), donde la persona se decide o no por Dios.” (368). El corazón es la sede de la personalidad y la moral. Nadie puede conocer lo profundo del corazón del hombre, ni siquiera el mismo hombre, solo Dios puede escudriñarlo “Porque tú estabas dentro de mí, más interior que lo más íntimo mío y más elevado que lo más sumo mío” (San Agustín, Confesiones III, 6, 11)

Como consecuencia del pecado original el hombre al revisar su corazón descubre su inclinación al mal, lo que la tradición llama concupiscencia. Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo? Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones” (Jeremías 17,5-10). Nuestro Señor nos aclara esta realidad cuando asegura que nada de lo que viene de afuera puede manchar al hombre, si no lo que viene de dentro “Porque es de adentro, del corazón de los hombres, de donde salen los malos pensamientos, fornicaciones, hurtos, homicidios, adulterios, codicias, perversiones, dolo, deshonestidad, envidia, blasfemia, soberbia, insensatez. Todas estas cosas malas proceden de dentro y manchan al hombre”. (Marcos 7, 22-23).

Sabemos bien que el bautismo ha borrado el pecado y nos ha introducido a la vida sobrenatural, pero aún queda en nuestro corazón la herida y la realidad de la concupiscencia, por tal razón el cristiano queda llamado al combate espiritual. En este proceso la gracia de Dios nos ayuda a vencer hasta que nos concede la pureza del corazón. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5, 8)

Tenemos claro que Dios a través de la gracia del bautismo nos concede la purificación del corazón de varias maneras, pero ahora nos detendremos en la purificación que se da por medio del contacto con la Palabra de Dios. “La justificación libera al hombre del pecado que contradice al amor de Dios, y purifica su corazón” (Catecismo 1990)

En una antigua catequesis bautismal San Pedro nos enseña: “Ya que estáis engendrados de nuevo, no de simiente corruptible, sino incorruptible, por la Palabra de Dios viva y permanente” (1 Pedro 1, 23). Por consiguiente, la nueva vida nace en la inmersión del bautismo y la Palabra de Dios. Nuestro corazón está hecho para la Palabra de Dios y la vida del espíritu la tenemos implantada en lo profundo de nuestro ser. Por tal razón el creyente debe tener un contacto asiduo con la Palabra de Dios.

Las sagradas escrituras están preñadas del Espíritu Santo “Cuando el cristiano se acerca con una actitud de fe se realiza un acontecimiento espiritual, un acontecimiento que tiene como objetivo su corazón” (André Louf; Iniciación a la vida espiritual); en la Lectio Divina Jesús nos habla, su Palabra poderosa es como una espada que poda las impurezas del corazón. “Limpios significa aquí lo mismo que “podados”; por donde vemos que el que cultiva con amor la Palabra de Dios, puede librarse también de la poda de la tribulación” (Comentario Biblia Juan Straubinger).

“Vosotros estáis ya limpios, gracias a la palabra que Yo os he hablado” (Juan 15, 3) en este pasaje de la Vid Verdadera el Señor nos llama a permanecer unidos a Él, porque solo así daremos mucho fruto, y esa unión implica adhesión a la Palabra que purifica el corazón. Es por eso, que la limpieza del corazón no solo se da por la experiencia en la oración a través de la Lectio Divina, sino también por la obediencia de la fe a esa palabra escuchada.

Es necesario realizar este ejercicio de la Lectio Divina todos los días; porque entre más tengamos ese contacto profundo y espiritual con la palabra de Dios el corazón se irá purificando cada día más. Entonces, se verá un crecimiento en la vida de fe, pues andar y hablar con Cristo nos hace bien. Recordemos que la purificación del corazón se da por la fuerza de la Palabra, toda una obra d  e la gracia “Sin mí no podéis hacer nada” (Juan 15, 5)    

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